El Extranjero


Marie me alcanzó y se pegó a mi en el agua. Puso su boca en la mía. Su lengua refrescaba mis labios y nos dejamos llevar por las olas un rato.

Me preguntó entonces si no me interesaba un cambio de vida. Contesté que no se cambia nunca de vida, que en cualquier caso todas valían lo mismo y que la mía aquí estaba lejos de disgustarme.

Me atormentaba por ejemplo el deseo de una mujer. Era natural, dada mi juventud. No pensaba nunca particularmente en Marie. Pero pensaba con tal intensidad en una mujer, en las mujeres, en todas las que había conocido, en todas las circunstancias en las que había amado, que mi celda se llenaba de todos los rostros y se poblaba de todos mis deseos. Ese pensamiento me desequilibraba en un sentido. Pero en otro, mataba el tiempo.

Terminé por no aburrirme en absoluto desde el momento en que aprendí a recordar.

Nos hacemos siempre una idea exagerada de lo que no conocemos.

Mamá decía con frecuencia que uno no es nunca completamente infeliz.

Qué me importaban la muerte de los otros, el amor de una madre, qué me importaba su Dios, las vidas que uno escoge, los destinos que uno elige, puesto que un solo destino debía elegirme a mí y conmigo a miles de millones de privilegiados que, como él, se decían mis hermanos.

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Esta entrada fue publicada el 31 marzo, 2012 a las 18:05. Se guardó como Quotes y etiquetado como , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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